La Formación

El objetivo de la vida de cada una de nosotras es la unión con Jesús a través de la comunión con María. Para lograrlo vivimos los consejos evangélicos en la Iglesia. Es una manera especial de imitar a Cristo que vivió en la castidad «No estoy solo, porque el Padre está conmigo» (Juan 16,32); en la pobreza «siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza» (2Co 8,9); en la obediencia «Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra» (Juan 4,34).

Los consejos evangélicos ayudan también a transformar lo que se opone a Dios en el corazón humano: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida.

Experimentando estas concupiscencias dentro de nosotras mismas, a través de los votos nos entregamos a Cristo para que Él mismo nos transforme.

Una auténtica vida espiritual exige que todos, en las diversas vocaciones, dediquen regularmente, cada día, momentos apropiados para profundizar en el coloquio silencioso con Aquél por quien se saben amados, para compartir con Él la propia vida y recibir luz para continuar el camino diario. Es una práctica a la que es necesario ser fieles, porque somos acechados constantemente por la alienación y la disipación provenientes de la sociedad actual (…). A veces la fidelidad a la oración personal y litúrgica exigirá un auténtico esfuerzo para no dejarse consumir por un activismo destructor. En caso contrario no se produce fruto: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). (Caminar desde Cristo: una renovada 25)

 

Madre del Gran Abandono, Humilde Esclava del Señor, me entrego a Ti sin reservas

– para que me lleves a tu Hijo, mi Esposo.